Templo de Kaldaris, Isla de los Grifos
4 del Séptimo Mes

Mi siempre inquisitiva tía Sabina Highspire:

Os escribo desde el Templo de Kaldaris, una estructura modesta y funcional que se alza, contra toda probabilidad, en las laderas frías del noroeste. Sus muros no impresionan, pero resisten; sus ocupantes no sonríen, pero perseveran. A pesar de la humedad persistente, y de cierta escasez en comodidades básicas, el templo cumple su propósito: ofrecer refugio ante la expansión necromántica y, en mi caso, una mesa razonablemente horizontal desde la que escribiros.

Nuestra llegada fue oportuna: tras cruzar media isla con provisiones mínimas, neutralizamos un grupo de necrófagos locales, cortejo de bienvenida, si se quiere, sin mayor gloria ni incidente. Fuimos recibidos por el acólito jefe del templo, un dracónido de voz grave y gesto sobrio, cuya elocuencia es limitada pero cuya hospitalidad resultó irreprochable. Nos ofreció asilo, cena caliente 1, y la bendición de Kaldaris, que aceptamos con una mezcla equilibrada de cortesía, respeto institucional y sentido común.

Por la mañana, cuando creíamos haber alcanzado el cénit de la rareza logística, llegó un comerciante de Ockless2. Este sujeto, que rebosaba suficiencia y perfume en proporciones idénticas, traía víveres y provisiones armamentísticas a cambio de corazones de necrófago. La transacción es, por supuesto, abominable, pero constituye el único medio que poseen los acólitos para mantenerse. No os sorprendáis si en mi próximo envío incluyo un breve tratado sobre la ética pragmática en tiempos de abominación mágica.

Partimos al amanecer, sin ceremonia ni cántico ritual. La marcha se desarrolló con normalidad hasta que, tras bordear una hondonada repleta de maleza pútrida, fuimos emboscados por zombis en llamas- 3. Elysia4, recurrió a su fe con eficacia admirable, deteniendo los primeros con un gesto que hizo recular incluso a Gorruk, que ya había mordido a uno.

Apenas habíamos reorganizado la formación cuando nos salió al paso un semielfo no-muerto de pericia marcial poco compatible con su estado de descomposición. Caímos en formación defensiva. Yo mismo derribé a dos enemigos con ayuda de la topografía y logré hacer retroceder al último. Al recuperar mis flechas, práctica que normalmente evito5, hallé entre los restos del semielfo un collar de protección mágica que decidí entregar a Gorruk, demostrando una generosidad que espero no siente precedente. No aspiro a convertir la filantropía táctica en hábito.

La entrada a la guarida del nigromante constaba de tres puertas de piedra, cada una flanqueada por inscripciones que parecían competir entre sí en antigüedad. Elegimos aquella decorada con versos amorosos y la figura de una barda, sospechando que la emoción humana sería la grieta más evidente en la muralla de un alma corrompida. La hipótesis, planteada por Caelus6, resultó acertada: el interior albergaba un antiguo santuario dedicado a la Abuela Celestial7, deidad de la curación y la compasión.

No diré que las trampas fueran numerosas, solo que un descuido habría convertido nuestra expedición en carne para los arqueólogos. Afortunadamente, la formación en lógica espacial y mi destreza innata nos permitieron sortear la mayoría de ellas. 8.

En la primera estancia se hallaban cuatro estatuas de la Abuela, representando sus dogmas. Una de ellas, la de la sanación, estaba gravemente dañada. De su pecho colgaba una orden de expulsión dirigida a un antiguo clérigo, acusado de conducta desequilibrada tras el fallecimiento de su amada: la barda inmortalizada en el portal. El documento presentaba la caligrafía rígida de quien se excusa en la razón para disfrazar su falta de compasión. El resto podéis imaginarlo9.

En la segunda estancia, seis sarcófagos rodeaban una estatua de la barda. Bastó que aplicara mi curiosidad científica al examen de uno de ellos para que el conjunto funerario respondiera con una agresividad alarmante: surgieron seis momias y, con ellas, una banshee de notable presencia espectral. Apenas tuve tiempo de apartarme antes de que una de las momias me maldijera con una precisión impropia de un ser que lleva enterrado varias décadas10. Gorruk, en un despliegue de valentía instintiva, se lanzó contra las criaturas con su fiereza habitual11, mientras Ganjalf se anticipaba al grito de la banshee con una contundencia que, francamente, todos agradecimos.12. Superado el enfrentamiento, Elysia procedió a liberarme de la maldición con una solemnidad luminosa13. Fue entonces cuando Caelus descubrió que el laúd sostenido por la estatua no era decorativo, sino un artefacto mágico funcional. Interpretó con sorprendente maestría la Canción del Soldado14, lo que activó un mecanismo oculto en la base del pedestal, revelando varias gemas de alto valor. Un epílogo elegante a una estancia diseñada, al parecer, para recompensar tanto la osadía como el arte.

Dado el estado físico del grupo y la sospecha razonable de que lo que aguarda más allá son desafíos poco compatibles con la integridad ósea, optamos por replegarnos con la dignidad que permite una huida estratégica bien argumentada. Mi intención es investigar a fondo la historia de este clérigo caído: determinar si su degeneración fue un proceso gradual o si hubo un catalizador concreto. La tragedia personal podría ser la clave para comprender mejor al nigromante, cuya influencia, me temo, se extiende más allá de estas galerías.

Antes de concluir, permitidme anotar un último detalle. Al alejarnos de la entrada, un alarido rasgó el aire con precisión dramática. Alzamos la vista, aunque fui el único en distinguirla: una figura lejana, casi ilusoria, recortada contra la bruma de la montaña. Un dragón esquelético, suspendido en la altura con majestad fúnebre 15. La necromancia a la que nos enfrentamos no es improvisada, es vasta, antigua y meticulosamente articulada.

Os remitiré una copia de los planos dibujados por Steffan una vez corregidas sus extravagancias ornamentales, así como una muestra del polvo recolectado en la base de la estatua de la barda. Sospecho que contiene trazas de esencia divina degradada, pero aguardaré vuestro análisis para evitar conclusiones prematuras.

Recibid, como siempre, mi afecto inquebrantable y la garantía de que, si algo nos entierra, no será por falta de método ni de elegancia epistolar.

Lord Héctor Highspire

Footnotes

  1. Un caldo espeso de raíces montanas, acompañado por un bloque     blanco de textura incierta que, según aseguraban, era queso.

  2. Véase informe anterior sobre Ockless, ciudad donde la eficiencia     se codea con la crueldad estructurada. Remito transcripción completa     de la carta enviada a mi tío Cornelius como anexo, por su relevancia     contextual.

  3. La combustión espontánea en no-muertos suele deberse a rituales de     potenciación vinculados a piras funerarias profanadas o a     invocaciones selladas mediante sangre fresca. Que mantuvieran la     capacidad de lanzar conjuros sugiere, o bien una reciente     reanimación por parte de un nigromante versado, o la influencia     directa de una fuente de necromancia sostenida. El olor a sebo     quemado y carbón vegetal confirma una preparación deliberada.

  4. Clériga Aesimar de Yelmalio, incorruptiblemente luminosa. No en el     sentido metafórico: literalmente brilla cuando reza, lo cual es     tácticamente inconveniente en misiones de infiltración.

  5. La recuperación de proyectiles en condiciones de combate o     poscombate entraña riesgos higiénicos, pérdida de tiempo y un alto     grado de inutilidad material. Sin embargo, dadas las circunstancias     y la previsión de enfrentamientos prolongados, se consideró una     excepción justificada.

  6. Brujo de aspecto sombrío, dicción mesurada y predilección por los     temas escabrosos, que insiste con convicción fatigada en que sus     intenciones son nobles. Hasta la fecha, ningún incidente lo     desmiente.

  7. Deidad local asociada a la sanación, la vejez sabia y la     transmisión de conocimiento oral. Sus templos suelen ser humildes y     sus fieles, obstinadamente compasivos.

  8. En particular, un sistema de trampas gemelas basado en presión     secuencial y símbolos invertidos fue resuelto gracias a una fórmula     mnemotécnica que recordé en el último instante.

  9. Todo apunta a que este clérigo expulsado es el actual nigromante     que contamina la región. Las fechas coinciden con los primeros     avistamientos de magia oscura, y la degradación simbólica del     santuario parece responder más a una obsesión personal que a una     estrategia doctrinal.

  10. La maldición produjo un deterioro progresivo de mis capacidades     vitales, como si mi cuerpo olvidase poco a poco que debía seguir     funcionando. Una experiencia nada recomendable, aunque de cierto     valor educativo.

  11. Su concepto de prudencia es, hasta la fecha, meramente teórico.

  12. Según registros académicos, el grito de una banshee puede ser     fatal para quienes se hallan en su radio de acción. Afortunadamente,     Ganjalf es más rápido que los tratados de biología espectral.

  13. Lo cual, dicho sea con el debido respeto, no fue poco. Pocas     cosas impresiona más que alguien que brilla literalmente mientras te     rescata de la descomposición arcana.

  14. Dado su talante sombrío, su habilidad para transmitir emoción     sincera en la interpretación resulta desconcertante. Aunque quizás     precisamente por eso funciona.

  15. Las alas parecían extenderse no por necesidad aerodinámica, sino     por costumbre ancestral.