Detalles del relato

  • Fecha de la Partida: 2025-06-15
  • Aventura: 18 - Llamado a la Acción
  • Autor: Elysia
  • Jugadores: Elysia, Adoh, Ganjalf, Caelus, Broldan

Una vez más, Caelus me pidió que le protegiera en sus extrañas aventuras, bajo un pretexto de servir a una especie de falso dios. Como la benevolencia es algo innata en mí, acepté. A parte, fue una buena excusa para volver a la Torre de Yelmalio y poder mostrar pleitesía a mi Diosa.

Nos encomendamos a la misión con varios rostros ya conocidos para mí. Durante el trayecto, en la bahía, vimos barcos de velas negras pero ninguna bandera pirata reconocible. Algo a investigar, aunque sería por otros pues los mares no me atraían en absoluto.

El agotador Orlanth nos acompañó durante todo el camino. Una lluvia incipiente y cansina me mojaba la capucha y la armadura, poniéndonos en peligro de coger una hipotermia y emborronar los rastros del camino. Cuando llegamos a la majestuosa torre de El Zar, su manufactura enana se erigía en mitad del paisaje. Subí a lo alto de la torre junto a Adoh para hacer las ofrendas de fuego necesarias, pero con la dichosa lluvia no pudimos hacer correctamente el ritual.

Caelus nos hizo cargar con varios espejos de tocador hasta los sótanos de la torre. Nos lo hizo colocar en una disposición determinada para hacer que los rayos de sol fueran dirigidos desde el exterior hasta el altar de la Devoradora.

Tenía que concederle que no comulgaba con sus artes pero no se le podía negar el ingenio que a veces sacaba a relucir. Claro que, ante el menor peligro, huía como una rata de alcantarilla, por lo que mi presencia allí era determinante. Al tocar uno de los rayos de sol a través del juego de los espejos, hizo que el impío altar activara algún mecanismo arcano y ante nosotros, se alzó un elemental sombrío de proporciones gigantescas. Esa mole nos impedía destruir el altar. Una oscuridad mágica le rodeaba, pero Caelus hizo un conjuro que simulaba la luz solar y, la Sombra, se agitó violentamente como si le doliese, disipando esa oscuridad mágica, lo que hizo que me atacara acto seguido. Escudo en mano, lo alcé para protegerme a mí e interponerme entre la criatura y el grupo. Todos empezaron a atacarle, Broldan le dio un golpe certero pero en mis últimas fuerzas, fui capaz de darle la última estocada mientras sanaba parcialmente mis heridas.

Nuestro gesto hizo que el altar perdiera su poder, pues los elementos que lo activaban habían sido desintegrados. Eso fue la antesala de lo que estaba por venir. Cuando borramos las runas que rodeaban el templo, algo impío, un alarido que helaba la sangre emergió directamente del fondo. Un agujero que había sido escavado de manera artificial y que tendría casi un kilómetro de profundidad. Lo que fuera que moraba en su interior hacía que el altar tuviera poder.

Seguimos avanzando, Héctor nos advertía de posibles trampas y, muchos de los enemigos que nos encontramos la primera vez, seguían bien muertos. Hasta que, encontramos un montacargas que nos bajó mucho más abajo. No había luz, sólo oscuridad.

Adoh, el druida, hizo que una araña se colase previamente en aquella máquina que milagrosamente seguía funcionando y nos alertó vagamente de lo que nos íbamos a encontrar allí. Más orcos poblaban las salas inferiores.

Me interpuse entre ellos y el grupo. Cerré los ojos y tras sujetar el colgante que rodeaba mi cuello, hice unas plegarias para que Yelmalio me ayudase en aquel combate contra la oscuridad. A mi alrededor, varios espíritus guardianes me rodearon y me ayudaron a pelear contra los enemigos eternos de El Zar. Yo seguiría aniquilándolos con gusto en su nombre.

Como siempre, entre ellos había un arcano que hacía peligrar con sus malas artes nuestra supervivencia. Así que Adoh, para impedirlo, lanzó una bola de fuego que hizo estallar una máquina de creación de pólvora que estaba cerca. Todo explotó, llenándolo de humo y de un ruido ensordecedor que nos aturdió durante unos minutos. Suerte del escudo sino hubiera perecido en aquel sombrío lugar. Era un druida, no podía culparle de su irresponsabilidad. Comulgaban con la naturaleza no con la civilización.

Pese a todo, pudimos seguir avanzando, cada vez con las energías más mermadas. Salas y pasillos enteros estaban plagados de esqueletos de orcos y de enanos, algunos cuerpos aún vestían con armaduras ya roídas por el paso del tiempo. Seguimos avanzando por los túneles de piedra ante la esperanza incansable de Caelus por encontrar una puerta gigantesca que había visto en sus sueños. Dijo que su patrón venia de los cielos, pero me negaba a creer que los daevas le hablasen como a mí.

En una de esas, dichos cadáveres se alzaron a nuestro alrededor pero los muertos, muertos deben de estar y una vez más llamé a mi Diosa para que me ayudara a darles la paz eterna de la cual no deberían de volver a despertar. Grité ¡Por Yelmalio!, y de mí salió una luz fulgente que erradicó toda la no vida de aquella estancia.

Héctor, de entre los restos encontró un martillo de guerra que, convenientemente le convencí para que me lo donara, con la única intención de seguir protegiendo al grupo como es debido. El arma parecía honrar a Muradin, dios de los enanos y de la forja. Un dios benevolente que el culto de la diosa respetaba.

Proseguimos, el cansancio ya era evidente y nuestros recursos ya escaseaban. Cuando llegamos a una puerta atrancada, Broldan se lanzó contra ella pero sin éxito, Adoh y Héctor si la consiguieron abrir con más suerte.

Había un cofre que, Caelus haciendo un truco hizo activar una trampa eléctrica que nos quemó a todos. Aún así, hallamos algo bastante útil. Había Mitrhil y bastante oro, aunque para mí el metal era más preciado, por lo que doné mi parte con generosidad al resto de mis compañeros. Si conseguía sacar el material de allí, haría una visita al herrero de Nidik.

En otra de las estancias, trataba de unos barracones con un letrero que ponía “Zona Sur”. Sin cuidado, entramos creyendo que era un lugar apacible para descansar pero de entre los cadáveres que estaban en el suelo, unos Ghouls y un Ghast estaban devorando la carne que aún les quedaba. Cuando se percataron de nuestra presencia nos atacaron sin cesar. En ese momento, extendí mis alas y con furia, arremetí con mi martillo de guerra contra ellos, estrenando mi arma de redención.

La magia radiante que salía de mí resultaba útil contra esas malignas criaturas. En un momento de tensión, me interpuse entre ellos y mi grupo, alzando mi escudo para protegernos. Por los flancos, emergieron también unas criaturas gelatinosas que lanzaban ácido.

Adoh me levantó del suelo, cosa que me permitió seguir luchando, mientras los demás empleaban todas sus artes contra esas criaturas. Fue un momento crítico, pues debo de reconocer que por un momento el encuentro nos superaba, pero con la perseverancia de todos nosotros pudimos acabar con todos ellos.

Pero me perturbada la presencia de un Ghast. Los Ghouls se alimentan de carroña, pero son creaciones de los propios Ghast y estos a su vez, son creaciones por parte de Nigromantes.

Finalmente reinó la paz nuevamente en el lugar pero nosotros habíamos alcanzado nuestros límites y decidimos que era hora de volver a la seguridad de Puerto Soldado para reponer nuestras fuerzas. Pero salí de allí esperanzada, soñaba con la posibilidad de devolver los años dorados de la torre de El Zar, otros en cambio, sólo buscaban la promesa de encontrar su oro perdido.