Detalles del relato

  • Fecha de la Partida: 2025-02-20
  • Aventura: 07 - Aventureros Curiosos
  • Autor: Elysia
  • Jugadores: Caelus, Elysia, Ganjalf, Broldan, Kyran

Una vez más fue requerida mi presencia en la Isla de los Grifos. Poco a poco mi nombre se iba haciendo más conocido entre esas criaturas carentes de conocimientos respecto a Yelmalio.

Esta vez el propósito de la aventura se trataba de encontrar un poblado llamado Cráneo de Orco y unas raíces con fines desconocidos. Por mi parte, la oscuridad que habita en esta Isla, hacía más que necesaria mi intervención.

Entre los nuevos rostros se hallaba Kyran, un goliath bardo de aspecto harto extravagante. Un gnomo druida que siempre portaba una pipa llamado Ganjalf y un guerrero imponente de nombre Broldan. También se unió a nosotros el indescriptible Caelus.

Por el camino decidí instruir a Caelus a cerca del noble culto de la luz, pero al parecer nuestra charla se devino demasiado intensa, pues Kyran decidió interceder. Por suerte, durante el camino, dimos con las esculturas de El Zar, lo que me permitió adoctrinar a todos aquellos que todavía desconocían tan nobles gestas.

Avanzamos por una zona conocida para Caelus y para mí, el gran cañón. Observando el paraje, me percaté de unas pequeñas piedras que caían desde arriba. Sólo me dio tiempo a empujar a uno de mis desdichados compañeros para que se alejara de la trayectoria de los proyectiles, hiriéndome de forma inevitable. Pero la calidez de la luz del sol me insuflaba valor para soportar el dolor y proseguimos el camino.

Broldan preparó una comida caliente para soportar el frío de la noche, aunque la bastedad de cómo fue preparada hizo que me sentara mal. Aún así, avanzamos inexorablemente entre los angostos caminos, dando con un pequeño poblado Vothanki que estaba totalmente abandonado y calcinado. De hecho, en el centro se podía apreciar un tótem pagano hecho cenizas y muchas tumbas alrededor.

El reconocible olor de la muerte pútrida recorrió mis fosas nasales y me vi insuflada por la luz y la candidez de Yelmalio una vez más. Con arrojo me enrolé hacia las huestes de zombis que empezaban a invadir los restos del poblado y yo, cargada con rodela y maza, iba a batirme con valor sin igual. De la piel del druida brotaron constelaciones revelando su ascendencia y armado con un arco y flechas divinas arremetió contra los zombis. El bardo, haciendo un “sólo” de laúd, lanzó por los aires a otro zombi tras recibir un impacto sónico.

Por su lado, el guerrero lanzó una lanza relampagueante hacia otro zombi, batiéndolo, pero de la tierra se alzaron esta vez cuerpos mucho más carcomidos por el paso del tiempo. Nos empezaron a rodear esqueletos.

La voz cálida de Yelmalio recorrió cada poro de mi piel y, alzando mi maza hacia el sol, desprendí de mí una onda divina que, hizo enloquecer a parte de las criaturas zombificadas, huyendo de su muerte natural por segunda vez.

Sentía como las flechas de los arqueros rebotaban contra mi armadura, así como las pretensiones de herirme por parte de las manos de tan funestas criaturas. Pero casi como si pidieran clemencia desde la ultratumba, les ofrecí la redención de mi maza, convirtiéndome en el pilar donde podían apoyarse mis aliados para contraatacar con todas sus fuerzas.

En una de aquellas, el guerrero Broldan protegió al bardo pero un zombi pudo asestarle un mordisco a Kyran, aunque este quedó peor parado al electrocutarse con el hombro del fornido bardo.

El celestial druida me arrojó una curación que me permitió aguantar en pie todo el combate, casi parecía que JAMÁS iba a finalizar semejante contienda, pero lo hizo.

Cuando cobramos el aliento, nos acercamos a la pira y con más detalle vimos que en ella, a parte del tótem calcinado, se encontraban enseres personales y cadáveres, quizás los propios habitantes de aquel abandonado poblado. Al parecer, los hombres lagartos fueron desterrados por pioneros Votankis, cuya figura se podía apreciar a Votank y a Zutchko, personajes de la espiritualidad local. Era evidente de que alguna fuerza oscura –de ahí que mi presencia en esta historia fuera tan TAN necesaria-, había intervenido en un ritual para levantar a los cadáveres de aquella aldea de sus tumbas. No era muy difícil suponer de qué se trataba de Vivamort, el dios de la no muerte.

Enterré a esas pobres almas en divina sepultura, cuando el pájaro del druida sobrevoló nuestras cabezas, pudo advertir que los zombis y esqueletos que habíamos dado verdadera muerte, no era más que una porción. Más se habían dispersado por los caminos.

Tras esto, proseguimos con el segundo objetivo de la expedición y, no muy lejos del campamento grande de bandidos, nos adentramos en los cañones subterráneos que estaban plagados de escarabajos de grandes dimensiones.

Al parecer, Ganjalf había detectado que las raíces se encontraban más allá del pasaje subterráneo. Nos batimos contra los coleópteros de las mejores formas que cada uno sabía. Aunque estos insectos tenían caprichos de la naturaleza difíciles de ignorar, como un rayo de electricidad que parecían compartir entre ellos junto a sus comunicaciones.

Al parecer, las raíces que buscaba Ganjalf, eran de naturaleza arcana. Con las raíces se asociaba a la escuela de Abjuración y con las Bayas Acuosas con la escuela de Conjuración, aunque a mi esos conocimientos de usuarios de la urdimbre me importaban más bien poco. Deseaba hacerme con una raíz para estudiar un uso más pragmático como la medicina.

En una parte del trayecto, nos topamos con una piscina de arenas removidas que al parecer se trataba de una trampa de arenas movedizas. Al parecer los escarabajos no carecían totalmente de inteligencia como yo creía.

Aún así, pudimos sortear semejante ardid escalando por una de las paredes mediante el uso de una cuerda. Todos, salvo Caelus, -al cual tuvimos que atarle un extremo de la cuerda a su cintura y elevarlo como un saco de patatas-. Hasta que no descubriese sus verdaderas intenciones, no debía ponérselo fácil a las garras de la muerte que, claramente siempre le persigue. Yo no soy de ese detestable culto de Kaldaris. Los míos celebramos la vida.

Seguimos avanzando hasta que, un olor nauseabundo nos golpeó con toda su fuerza. Unas setas del tamaño de perros, lanzaban sus esporas si nos acercábamos más de la cuenta. El veneno era un compañero que nos acompañaba en el camino si no íbamos con cuidado.

Caelus hizo uso de sus artimañas y detectó que, algo muy poderoso moraba en el fondo de esa cueva. Algo que parecía estar protegido por lo que parecía un escarabajo gargantuesco. Las raíces al parecer crecían cerca de ese misterioso ente, quizás nutriéndose con la magia que desprendía.

Pero esa será otra historia.