Detalles del relato
- Fecha de la Partida: 2025-06-19
- Aventura: 19 - Búsqueda y Captura
- Autor: Elysia
- Jugadores: Elysia, Caelus, Ganjalf, Gorruk y Kyran
Las extrañezas que me traen la vida no dejan de sorprenderme. Nuestra honorable misión partía directamente desde la Posada de los Colmillos del Gato en Nidik. Pero antes de salir era menester conocer a los integrantes que iban a ayudarme en la batida de caza contra el acólito traidor del templo de Yelmalio. Todos eran ya viejos conocidos salvo uno que, para mi pavor, se trataba de un orco. Contuve mis impulsos, sujetando con fuerza mi mano sobre el mango del martillo y le dejé explicar sus intenciones respecto a la misión. Al parecer, se trataba de una rareza de orco que repudiaba con mucha atino a los suyos. Una suerte de orco civilizado de nombre Gorruk. Le advertí de que estaría bajo mi estrecha vigilancia pero si sus intenciones eran puras para esta misión, no sería yo quien le impediría redimirse de su propia naturaleza.
Tras pertrecharnos con víveres nos enrolamos al camino. Al principio, seguimos la senda conocida pero cuando nos empezamos a adentrar en el bosque desconocido, anduvimos con todo el cuidado posible. Vigilamos nuestros flancos y tratábamos de hacer el mínimo ruido, ya que hacía escasos soles, habían masacrado a una patrulla de tres guardias de Nidik, tan solo regresando un superviviente del bosque. El resto, había sido abatido bajo virotes envenenados. Quizás se trataba de dríades, se decía que algunas dríades más asalvajadas se asentaban en el norte del bosque, perteneciente a un grupo de dríades lideradas por una tal Flor Oscura.
Avanzamos con bastante presteza por los caminos. Nuestras habilidades nos daban ventaja sobre el terreno y seguimos avanzando sin mucha dificultad hasta adentrarnos en el territorio de Zarlandia, donde nos topamos con una especie de ceremonia funeraria por parte de unos votankis. Debo de reconocer que me fascina cómo incluso los más salvajes, cuentan con un ritual de respeto por los suyos, aunque este consistiera en colocar al fenecido encima de una montañita ritual y dejar que las alimañas del bosque se alimentasen de él. Nos acercamos hasta ellos pues, al principio de nuestra llegada de la Isla de los Grifos, nos encontramos con otra tribu votanki y no fue hostil con nosotros. Esta vez ocurrió lo mismo y, siempre y cuando nos respetásemos, nos ofrecimos ayuda mutuamente mediante trueque. Ellos nos dejaron dormir unas horas en su campamento. Un lugar donde había tiendas pequeñas de cáñamo y pieles, y, en el centro del pequeño poblado, se encontraba una tienda comunal mucho más grande donde los votankis se reunían. Caelus a cambio de víveres, le entregó una armadura para sus exploradores. Kyran en cambio, comunicó que conocía a un familiar de la tribu, por lo que el líder de los hombres de barro se mostró más favorable a acogernos. Yo pedí información y nos guiaron hasta el último avistamiento donde se había visto a Gimel –el traidor-. Este al parecer, generaba caos e incendios allá por donde iba.
Cuando amaneció retomamos el camino hacia nuestro destino. Nos adentramos en una zona de espesura donde la hierba estaba muy alta. Kyran nos abría paso, creando una senda. En el horizonte cercano, mal escondido tras un árbol, se encontraba un gigante que nos miraba con miedo. Kyran y yo nos miramos de reojo y avanzamos con cautela hasta él ya que éramos los únicos del grupo que sabían hablar gigante. Se trataba de una criatura torpe y de proporciones enormes que resultó ser de inteligencia simple. De nombre Muc, temía mucho a los humanos, ya que en las montañas de Ockless, los humanos se afanaban por esclavizar a los miembros de su raza. A cambio de ayudarle en su labor libertaria, le dije que nos acompañara en nuestra misión de búsqueda del acólito Gimel, pero era demasiado temeroso de nosotros y no accedió, aunque en un gesto de buena fe nos indicó el camino donde decía haberlo visto. No pude evitar fijarme de que el gigante portaba un símbolo del Ojo Carmesí. Debido a su simpleza era evidente de que no era consciente de lo que aquello representaba. Sin mucho trabajo le convencí para abandonar esa senda y de forma amigable se despidió de nosotros indicándonos dónde podríamos volver a encontrarlo. Nosotros acto seguido volvimos hacia el grupo y les contamos lo que habíamos averiguado.
Avanzamos unas horas más, hasta que Kyran encontró a lo lejos un río donde parecía que habían nubes bajas. A medida que nos íbamos acercando, esas nubes se convirtieron en humo de la tierra calcinada, rastro inconfundible de que acababa de suceder un incendio violento.
Gandalf junto al cadáver calcinado de una leona, encontró un leoncito de nombre Zarpitas. Como buen druida, se puso a comunicarse con él y de esa pobre criatura averiguó que un ser había invocado mucho fuego y lo había quemado todo.
La noche volvía a caer y seguimos avanzando hasta que encontramos de pura casualidad con el antiguo campamento que usó Muc previamente. Las proporciones gigantescas de un lecho nos dio esa pista. Al final descansamos en ese lugar haciendo guardias mientras que la cría de león se agazapó a dormir con Gandalf. El orco Gorruk había cocinado durante toda la expedición. Durante la primera guardia no pasó nada pero durante la segunda, un lobo robó varios víveres al quedarnos dormidos.
Cuando amaneció, sugerí permanecer en la zona del incendio, tratando se rastrear las huellas aunque descubrí que el acólito no viajaba solo. Alguien le acompañaba, lo que no sabíamos era de si se trataba de un aliado o de un cazarrecompensas que iba tras él como nosotros. Seguimos los rastros hasta que encontramos a un hombre que encajaba en la descripción acampando al lado de un brasero. Junto a él, llevaba una lanza y un escudo, confirmando que era el criminal que había robado las reliquias aunque parecía que no estaban todas. Cuando íbamos a intervenir, una figura enmascarada y toda vestida de negro le amenazó, identificándose como el Ojo Carmesí. Al parecer, el acólito traicionó al templo de Yelmalio por mísero oro. Empezaron a discutir entre ellos y se empezaron a atacar.
En ese momento es cuando intervenimos aprovechando la discordia. Extendí mis alas y salí de nuestro escondite entre las rocas. Volé hasta posicionarme cerca el asesino, el cual, me lanzó un virote envenenado que me hizo mucho daño. Kyran, con su voz, mantenía mis heridas leves mientras Caelus y Gandalf lanzaban sus proyectiles contra el asesino y el acólito.
_¡No matéis al acólito, debe responder ante el templo de Yelmalio! _
En ese momento, Gimel le dio tiempo a manipular el brasero e invocó a un elemental de fuego bastante grande. Entonces Gorruk se convirtió en una criatura mucho más grande que él y me ayudó a combatir como uno más de nosotros pese a su naturaleza. Luchar contra las reliquias de Yelmalio hizo que el combate fuera más difícil pero no imposible. Nuestra fe fue determinante para vencer. Finalmente, el acolito se rindió y el asesino del Ojo Carmesí no accedió a dar ningún tipo de información cuando le capturamos. Le di la oportunidad de redimirse pero prefirió morir a hablar, así que decidí cumplir su voluntad.
A la vuelta a Nidik, nuestra primera parada fue el templo de Yelmalio y, ante el Sumo Sacerdote, le explicamos la treta del Ojo Carmesí con el acólito para que robara las reliquias a cambio de dinero. Por lo que averiguamos, en Surt se hallaba un comerciante del Ojo Carmesí, pelirrojo y de unos cincuenta y tantos años que fue el artífice de ese plan. Según la máxima autoridad del templo, existía toda una red de espionaje del Ojo Carmesí afectaba a Nidik pero el problema era que el Templo de Yelmalio no tenía autoridad en las ciudades de Surlt y de Orckles, donde esta secta criminal parecía hacerse más fuerte.
A mis compañeros se les dio la recompensa por la captura del acólito y recibieron oro, a mí en cambio, gané el honor de haber podido cumplir mi promesa de haber capturado al traidor y la lanza de la reliquia de Yelmalio. Orgullosa, ofrecí dicho regalo a mi diosa, a la luz y a la justicia. Fue un momento dulce como una fruta de verano. Con el orgullo alto, decidí aprovechar el Mitrhil que había conseguido en nuestra última misión para visitar al herrero de Nidik y tratar de que me fabricara una nueva armadura con ese preciado material. La labia comercial de Caelus fue determinante para que el enano accediera a mi petición, lo tenía que reconocer.
Ahora, me sentía preparada en cuerpo y alma para convertirme en un heraldo viviente de Yelmalio. Según el Sumo Sacerdote de Yelmalio en Nidik: Silvanthy “Ojos Brillantes”, nuestra diosa estaba abierta a que todos los buenos corazones que quisieran participar de su fe, pudieran hacerlo sin importar su raza o condición por lo que, decidí confiar en Gorruk entregándole mi martillo de manufactura enana. Los cielos se estaban abriendo hacia mis nuevos propósitos.