Detalles del relato
- Fecha de la Partida: 2025-06-26
- Aventura:20 - Expedición Observacional y Exploratoria
- Autor: Hector
- Jugadores: Hector, Adoh, Steffan, Kyran, Tyvar, Broldan
Puerto Soldado, Isla de los Grifos
27 del Sexto Mes
Mi estimada tía Sabina Highspire:
Confío en que esta misiva os alcance con buena salud y mente activa, rodeada de los pergaminos, mapas y especímenes que tanto aprecio sé que tenéis por compañeros. Siguiendo vuestra sugerencia, que, dicho sea de paso, he releído más de una vez desde mi llegada, he considerado oportuno extender mis observaciones más allá del entorno inmediato de Puerto Soldado. Con ese propósito, he encabezado una breve expedición hacia el sector septentrional de la isla, motivado en parte por indicios de actividad pirata y, en paralelo, por el deseo de identificar áreas potenciales de actividad grífica.
El resultado ha sido una abundancia inesperada de datos, no tanto en lo relativo a los grifos como en otros aspectos de índole zoológica, geológica y, por desgracia, necromántica.
Tras una jornada sin contratiempos, alcanzamos la bifurcación donde semanas atrás hallamos una misiva vinculada a la presunta Cofradía pirata. Desde allí, ascendimos por un sendero montañoso hasta un antiguo asentamiento votanki conocido como Cráneo Orco1. El lugar, aunque estructuralmente inestable, ofrecía vestigios significativos de ocupación prolongada. En su centro se hallaba un altar profanado al dios de los perros2, que procedimos a purificar siguiendo el protocolo estándar. Cabe mencionar que fue en este enclave donde el druida Adoh, hasta entonces reservado, comenzó a mostrar un interés activo por los signos de corrupción arcana en la zona.
Me acompañaban, entre otros, el señor Broldan, hombre de armas de temperamento austero, cuya fiabilidad en combate compensa su absoluta carencia de interés por las ciencias naturales y Steffan, cartógrafo mediano contratado para levantar un registro topográfico preliminar de la región3.
Desde Cráneo Orco, nos dirigimos hacia el norte siguiendo un conjunto de huellas de gran tamaño, presumiblemente pertenecientes a un espécimen de tipo minotauro, aunque no se hallaron marcas que permitieran confirmar pertenencia tribal ni ningún resto orgánico. El rastro nos condujo hasta un valle encajonado entre dos formaciones montañosas, donde la vegetación presentaba un estado de degradación incompatible con el entorno climático previsto. Lo que debería haber sido un ecosistema selvático aparecía reseco, marchito y cubierto de árboles muertos con signos de necrosis progresiva4.
En el interior del valle localizamos huellas de carro, notablemente recientes, que se adentraban en dirección este. No lejos de allí, descubrimos el cadáver aún tibio de un lobo de gran tamaño, comparable en dimensiones a un poni, que procedí a examinar personalmente5. El contenido estomacal incluía restos humanoides parciales (principalmente tejido muscular) y presentaba, además, múltiples incisiones de corte fino y preciso, incompatibles con lucha salvaje y más propias de un proceso ritual6. En las inmediaciones hallamos nuevas huellas, esta vez de morfología plantígrada con hendidura lobulada, zancada irregular y profundidad variable, posiblemente producto de un tránsito post-transformación.
A esas alturas, la hipótesis de actividad licántropa asociada a la tribu del lobo cobraba una plausibilidad difícil de ignorar.
Durante la noche, ya instalados en una zona de descanso provisional, detectamos la presencia de una pequeña manada de cánidos de gran tamaño, apostados en la lejanía. Las criaturas no realizaron movimientos agresivos, pero su posición, en línea semicircular y a contraviento, delataba una intención claramente observacional. Decidimos no encender fuego ni emitir sonidos innecesarios.
A la mañana siguiente reanudamos la marcha y alcanzamos una atalaya de madera, aún en pie, erigida en honor a Kaldaris, deidad asociada a la noche, el frío y la oposición frontal a las fuerzas de la no-muerte7. La estructura presentaba marcas de mantenimiento reciente, lo cual resultó coherente con la activación de dos almenaras visibles desde lo alto de la torre: una al noroeste y otra al noreste. Decidimos seguir esta última dirección, dada su cercanía a la región montañosa donde se presume la existencia de colonias gríficas.
Fue en ese punto cuando divisamos, por primera vez y a considerable distancia, la montaña de los grifos: una formación colosal, con cumbres perpetuamente nevadas, cuya altitud estimo en torno a los 3000 metros8. La visión fue imponente, aunque nuestros objetivos inmediatos nos impedían desviarnos hacia esa zona en ese momento.
En el trayecto hacia la almenara noreste evitamos, en la medida de lo posible, un pantano de apariencia poco prometedora. A pesar de ello, uno de los márgenes nos obligó a acercarnos lo suficiente como para detectar un objeto de interés: los restos de un saurio de gran tamaño, parcialmente sumergido en el fango. El cuerpo, reducido a huesos y tejidos blandos en descomposición avanzada, presentaba dimensiones compatibles con un depredador prehistórico de tipo tiranosáurido9. La causa de la muerte no pudo ser determinada con certeza.
Continuamos sin incidentes hasta alcanzar la torre consagrada a Yelmalio, donde fuimos recibidos por una comunidad de aproximadamente dos docenas de primates parlantes, organizados en torno a una estructura tribal, identificados como la Tribu del Babuino Rojo10. Relataron que, si bien ya no se encuentran bajo el yugo de la maldición original, esta persiste en forma de alteración física estable. Actúan ahora como guardianes de la torre, atentos a posibles ataques de los no-muertos y a incursiones de los hombres lagarto, así como custodios de las catacumbas inferiores, que describieron como contaminadas por una “magia antigua y envenenada”.
Esa noche compartimos cena con los miembros de la tribu, quienes, en señal de hospitalidad, ofrecieron raíces cocidas, frutos fermentados y carne ahumada de origen no especificado11. A cambio, aceptaron compartir parte de sus raciones almacenadas a cambio de algunas de nuestras armas. La negociación, si bien sencilla, fue acompañada por una actuación voluntaria de Kyran, quien, motivado por la presencia de un público tan inusual, ofreció una interpretación escénica que, por su composición estética, ejecución acrobática y selección musical, solo puede ser descrita como una síntesis entre el ritual tribal y el vodevil de vanguardia12.
Durante la sobremesa, varios miembros de la tribu nos advirtieron sobre el desierto que se extiende hacia el norte, en dirección a la montaña de los grifos. Lo describieron como un lugar hostil, sin rutas transitables, plagado de depredadores y fenómenos inexplicables. A pesar de su insistencia, evité comprometerme a no explorarlo en el futuro; como bien sabéis, tía, las advertencias excesivamente vívidas son el mejor cebo para la curiosidad científica.
Nuestro regreso al sur se efectuó a través de un paso montañoso angosto, una ruta alternativa sugerida amablemente por los babuinos del santuario. El sendero, aunque estrecho y cubierto de pedruscos inestables, resultó ser una opción topográficamente preferente frente al humedal pestilente que bordeamos a la ida.
Poco antes de alcanzar la almenara noroeste, topamos con un grupo de acólitos de Kaldaris enfrentados a una emboscada de no-muertos: humanoides con armas oxidadas y un oso lechuza en estado de la no-vida que conservaba una fuerza aterradora13. Intervenimos con premura. Solo uno de los acólitos sucumbió.
Acompañamos al grupo hasta su enclave: el Templo de Kaldaris, bastión deslucido pero funcional, en el que apenas nueve fieles sostienen la defensa de la zona. Desde allí, según nos relataron con voz baja y gesto serio, emanan las fuerzas de un nigromante que se ha instalado en las cuevas del noroeste. Varios aventureros han intentado neutralizarlo; la mayoría no ha regresado, y los pocos que lo han hecho apenas eran ya personas14. Todo apunta a que el poder que corrompe esta tierra y, que ha marchitado bosques enteros, tiene su origen en una entidad superior: la Podrida, deidad de clara orientación malvada, adorada por los miembros de la Mano Ardiente15.
Nos comprometimos a volver con recursos y estrategia adecuados. Por el momento, hemos regresado a Puerto Soldado, donde espero estudiar con más detalle las anotaciones recogidas y trazar un plan de intervención más ambicioso y, si es posible, menos letal.
Con todo lo anterior, querida tía, confío en haber satisfecho vuestra insaciable curiosidad y en haber contribuido, modestamente, a la comprensión general de esta isla cuyos ecosistemas, culturas y amenazas superan con creces lo registrado hasta ahora en los mapas familiares. He dejado constancia gráfica y escrita de nuestras observaciones, aunque la fiabilidad artística de ciertos croquis continúa siendo objeto de debate interno16.
Recibid, como siempre, mi afecto más genuino, y sabed que el espíritu de la Casa Highspire se mantiene firme, incluso en estas tierras donde la lógica y la taxonomía parecen haber sido sustituidas por brujería, barro y babuinos parlantes.
Vuestro sobrino,
Lord Héctor Highspire
Footnotes
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Los votanki constituyen una cultura autóctona de la isla, caracterizada por una arquitectura ritualista y una religiosidad totémica. Cráneo Orco fue abandonado tras una infestación de no-muertos que, según los registros locales, fue purgada recientemente. ↩
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Divinidad menor del panteón votanki, probablemente relacionada con la vigilancia, la fidelidad y la caza en grupo. ↩
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Lamentablemente, Steffan posee una capacidad de orientación inversamente proporcional a su entusiasmo. Falló en identificar su propia posición en un mapa que él mismo había trazado, y ha dedicado buena parte del trayecto a la elaboración de croquis de campo que pretenden representar tótems votanki y posibles licántropos, aunque el resultado se aproxima más, estilísticamente, a señoras de avanzada edad envueltas en ropa mal combinada antes de asistir a un baile de noche en la mansión de los Stormvale. Se le ha recomendado limitarse, en lo sucesivo, a la notación métrica y direccional. ↩
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El patrón de desecación sugiere una alteración del flujo vital del suelo, probablemente de origen mágico. Se ha descartado actividad volcánica y variación climática natural. El druida Adoh no detectó señales propias de desequilibrio elemental, lo que refuerza la hipótesis de una corrupción espiritual o divina. ↩
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La estimación de tamaño se ha realizado mediante comparación visual indirecta con la silueta proyectada de Broldan a mediodía, utilizando como referencia la sombra del lomo y la base de las patas. Método no canónico, pero eficaz en campo. ↩
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Las incisiones seguían un patrón radial centrado en el pecho del animal, con cortes paralelos en las extremidades. Este tipo de marcas suele vincularse a ceremonias de dominación, transformación o absorción de esencia vital. ↩
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Kaldaris posee un culto extendido en regiones septentrionales. Sus templos suelen estar vinculados a enclaves estratégicos de vigilancia o contención mágica. Rival natural de Yelmalio. ↩
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Estimación obtenida mediante paralaje angular, triangulación a partir de sombras proyectadas, y una breve observación del ritmo respiratorio de Steffan al mirar hacia arriba. Método no estandarizado, pero respaldado por su eficacia empírica. ↩
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La morfología craneal, la robustez de las extremidades posteriores y la distribución vertebral sugieren afinidad con especies extintas del linaje terópodo. Aunque no se dispone de datación precisa, la conservación parcial de tejido indica una muerte relativamente reciente. Se han tomado muestras y registros gráficos, así como mediciones comparativas con elementos del entorno. ↩
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Esta comunidad, antaño sometida a la Mano Ardiente, afirma haber resistido su influjo gracias a la protección de Kaldaris. A pesar de haber eludido la corrupción completa, conservan una transformación perpetua de tipo híbrido, cuya base fisiológica no ha sido determinada. ↩
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Sospecho que se trataba de jabalí de montaña, a juzgar por el nivel de grasa intramuscular. ↩
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La pieza incluyó contorsiones, desplazamientos rítmicos verticales en torno a una lanza improvisada, y un uso de la voz en registros que desafiaron la comprensión lingüística tanto de los presentes como de los ausentes. ↩
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La criatura, además de una musculatura antinatural para su grado de descomposición, mostraba reflejos incompatibles con su género y condición. Fue abatido finalmente por Tyvar, cuya intervención fue, por una vez, tan precisa como ruidosa. ↩
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Según testimonio de los acólitos, uno de los escasos supervivientes presentaba un estado de disociación tan agudo que el diagnóstico psiquiátrico posterior no ha podido ser verificado. ↩
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Orden fanática cuya iconografía incluye llamas, llagas, carne expuesta y un sentido del decoro más bien inexistente. La conexión con la Podrida parece estar relacionada con antiguos rituales de supuración y fermentación espiritual. ↩
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Steffan insiste en que su representación del licántropo es precisa argumentando “libertad interpretativa”. El comité científico que me acompaña, compuesto por mí mismo, discrepa. ↩