Detalles del relato

Expedición V en la Isla de los Grifos

Entrada 1

La llamada fue respondida. Tal como esperaba, los aventureros que deseaba a mi lado acudieron sin dudarlo. No fue una sorpresa encontrar entre ellos a Elysia, cuya compañía se ha convertido casi en una constante en mis andanzas. Toshi también respondió al llamado, y debo decir que el tiempo le ha transformado; su físico ha adquirido una firmeza notable, aunque su carácter se mantiene igual de callado y reservado. El último en unirse fue Adoh, el druida bonachón de voz pausada, cuya presencia añade un aire de calma al grupo.

La diversidad de habilidades que reunimos como grupo nos convierte en una fuerza capaz de afrontar los entresijos del camino. Tras un breve reencuentro, se nos acercó un grupo de humildes mercaderes, interesados en viajar con seguridad hasta Surlt. Nos ofrecieron un diezmo de sus ganancias a cambio de escoltarlos. La propuesta me resultó demasiado ventajosa para rechazarla. La oportunidad de garantizar un paso seguro y, al mismo tiempo, beneficiarnos.

Un viaje de esta índole requiere planificación. Me dispuse a encontrar un caravanero dispuesto a facilitar nuestro traslado. Le ofrecimos un pequeño adelanto para sus mercancías a cambio de su transporte, un carro robusto tirado por un buey. Nos prometió devolver el dinero con intereses una vez alcanzada Surlt, confiando en que este viaje sería el inicio de una próspera ruta comercial. Mientras tanto, en mi mente comienza a formarse un plan para lo que vendrá después…

Entrada 2

Un nuevo amanecer y una nueva desgracia. Al despertarnos para reanudar la marcha, descubrimos que nuestras provisiones habían sido saqueadas por hormigas. De nuevo. La incompetencia de Elysia en el resguardo de los víveres empieza a preocuparme. ¿Cómo puede alguien tan devota de su deidad ser tan poco diligente en lo mundano? Dejaré mis quejas de lado por ahora, pero esto no puede repetirse.

El camino nos llevó hasta un punto de gran interés. Más allá de los límites de nuestra última expedición, hallamos las ruinas de una antigua torre. Había leído informes de otros aventureros sobre este lugar y, aunque a primera vista parece una construcción en ruinas, su verdadero valor se encuentra bajo la superficie. Según los escritos, en la cumbre de la torre descansa una estatua de Yelmalio, un detalle que captó de inmediato la atención de nuestra clériga. No obstante, lo que despertó mi verdadero interés fue lo que yace debajo. En el subsuelo, los mineros de antaño abandonaron sus herramientas y huyeron aterrorizados, convencidos de que algo oscuro habitaba en las profundidades. Las visiones de mi patrón resuenan en mi mente y siento un estremecimiento recorriendo mi esencia… presiento que este sitio es clave para mi futuro en la Isla de los Grifos. Marqué su ubicación en mi mapa. Una vez terminada nuestra misión en Surlt, este será mi siguiente destino.

Entrada 3

La noche no fue tranquila. Mientras preparábamos el campamento, divisamos en la distancia el resplandor de una hoguera. Adoh, haciendo uso de su vínculo con la naturaleza, envió una lechuza espectral a explorar la zona. Para nuestra sorpresa, la fuente del fuego no era una patrulla hostil ni una banda de forajidos, sino un solitario minotauro. Conociendo la brutalidad de su especie, sugerí emboscarlo y hacernos con sus provisiones. Mi sugerencia fue recibida con reticencia por el grupo. En un raro ejercicio de paciencia, decidí confiar en el juicio de mis acompañantes.

Resultó que mis prejuicios me habían cegado. El minotauro se presentó como Zuthauros, un cazador proveniente de Ockless, una ciudad bárbara de dudosa reputación más allá de Surlt. Se mostró amable y dispuesto a compartir sus provisiones con nosotros. Durante la conversación, nos advirtió sobre las escaramuzas entre orcos y elfos que plagaban el camino por delante. Nos aconsejó evitarlas en la medida de lo posible. Anotaré este encuentro como una lección para mí mismo: no todos los monstruos se ocultan tras una piel bestial.

Entrada 4

Reanudamos la marcha con las advertencias de Zuthauros frescas en nuestra mente. No tardamos en encontrar señales de lo que nos esperaba. Al internarnos en la espesura del bosque, hallamos rastros evidentes de actividad orca: huellas recientes, marcas en los árboles, señales de patrullas en movimiento. Era evidente que estaban cerca. La suerte estuvo de nuestro lado, pues logramos esquivarlos antes de que pudieran detectarnos.

Esa noche, la seguridad de nuestro campamento se vio comprometida por un insignificante pero molesto problema: un goblin escurridizo intentó robarnos. Blueno, siempre alerta, logró interceptarlo antes de que pudiera llevarse algo de valor. Me habría encargado de eliminar a la despreciable criatura en el acto, pero mis compañeros prefirieron dejarlo con vida. El goblin, lejos de mostrarse arrepentido, nos lanzó amenazas veladas sobre una posible represalia de sus congéneres. Empiezo a cuestionar el juicio de mis compañeros…

Entrada 5

El bosque reveló secretos inquietantes. El camino nos llevó hasta un claro donde un gran árbol servía como punto de referencia. En su corteza estaban grabadas inscripciones élficas, un mensaje que, gracias a mis conocimientos del idioma, pude descifrar. Se trataba de una invitación a parlamentar con el pueblo élfico, pero el ritual me resulta desconocido y de momento carente de relevancia, pero si algo reconozco de estas marcas, exigen ciertas prácticas en honor a Coraline, su deidad. En otro momento, tal vez habría investigado más a fondo, pero nuestra prioridad era llegar a Surlt.

Más adelante, nos topamos con una fortaleza semienterrada. Solo las almenas de su torre lograban asomarse sobre la tierra. Era una construcción orca, ahora condenada por una maldición élfica que la convertía en un mausoleo viviente para los espíritus de aquellos que perecieron en su interior. No era el único lugar corrompido en la región. Un poco más adelante, encontramos un pozo de podredumbre, un foco de corrupción donde los Broos—abominaciones parasitarias—se incubaban en los cuerpos de los animales del bosque. No tardaron en atacarnos. La lucha fue encarnizada y, aunque salimos victoriosos, los comerciantes sufrieron heridas. Perdimos tiempo valioso atendiendo sus lesiones, pero al menos seguimos con vida.

Entrada 6

Surlt. Al fin. Con los primeros rayos del alba, avistamos la empalizada que rodea la ciudad. Comparada con Puerto Soldado, su defensa parece endeble, pero su gente nos recibió con una cordialidad inesperada. Los mercaderes celebraron su llegada: el comercio entre las dos ciudades acababa de nacer y ellos eran sus pioneros. En cuanto a nosotros, obtuvimos nuestra recompensa, saldamos deudas y aseguramos futuras oportunidades. Una breve visita al templo me permitió obtener información clave sobre mi próxima expedición. La aventura no termina aquí.

Conclusión:

El camino entre las dos ciudades ha sido transitado. Con paciencia y estrategia, se abrirán nuevas rutas comerciales. He asegurado un trato preferencial para mis compañeros y para mí, garantizando que cualquier necesidad de estas tierras pueda convertirse en una oportunidad para nosotros. Dejé una de las piedras de comunicación en la posada “El Cerdo Degollado”, en manos de su mesonero, un hombre bien conectado. Esto nos permitirá estar informados en tiempo real sobre los cambios en el comercio y las necesidades de la región.

Con este primer paso, hemos cimentado nuestra supervivencia en esta isla hostil, que al principio nos recibió con fiereza, pero que ahora empieza a inclinarse ante nuestra voluntad.