Entrada 1- Preparativos y Consideraciones

La expedición que hoy emprendemos ha sido propuesta por Elysia, una presencia constante en mis viajes desde mi llegada a la Isla de los Grifos. Su insistencia en limpiar de bandidos las rutas comerciales que conducen a Puerto Soldado tiene un propósito práctico, aunque su visión del mundo y la mía a menudo difieran. Como frente de combate, su utilidad es incuestionable, pero su perpetua necesidad de juzgar mis acciones y creencias me resulta limitante. La historia, con su paciencia infinita, se encargará de determinar quién de los dos estaba en lo cierto.

Nuestra meta es erradicar un campamento de bandidos que abastece a los asaltantes que frustramos en una expedición anterior. Aunque mi papel en combate no es el de un guerrero en la primera línea, mis conocimientos y el poder concedido por mi patrón han demostrado ser recursos valiosos en enfrentamientos con criaturas hostiles y enemigos. Además, la restauración del comercio significará un mayor flujo de recursos y noticias, aumentando mis posibilidades de descubrir los lugares sagrados que busco.

La planificación fue un desafío en sí misma. Consulté el mapa que los aventureros de Puerto Soldado hemos ido actualizando en la taberna, pero al replicarlo encontré discrepancias preocupantes: rutas inexactas, accidentes geográficos mal representados y desvíos que no existían. Podría ser simple torpeza de quienes lo han manejado, pero también cabe la posibilidad de que un saboteador haya manipulado la información a propósito. De momento, no me aventuraré a acusar a nadie, pero estaré atento. Ante la incertidumbre, tracé una ruta alternativa que, aunque más extensa, parecía más segura para el grupo.

Entrada 2- Encuentros en la Ruta

El grupo se compone de Elysia, Tyvar, Kyran y un nuevo integrante: Blueno, un tiefling de movimientos ágiles y habilidades orientadas al sigilo. Iniciamos nuestra travesía bordeando la costa cuando Tyvar, con su vista de elfo, divisó un destello sobre una roca en el mar. La tentación fue demasiado fuerte y, con el ímpetu de un cazador, descendió la escarpada ladera para investigar. Lo observé en silencio desde la altura, recordando un tiempo en el que yo mismo me habría lanzado a lo desconocido con la misma imprudencia. Aquel tiempo ya pasó, y mis cicatrices lo atestiguan. Sin embargo, Tyvar mostró una prudencia que yo no tuve otrora y, tras un reconocimiento superficial, decidió no arriesgarse más de la cuenta.

Poco después, una bandada de gaviotas nos atacó con sorprendente audacia. Se lanzaron sobre la mochila de Elysia, robándonos parte de las provisiones antes de que pudiéramos reaccionar. El intento de espantarlas se convirtió en una escena ridícula de aspavientos y gritos, que podría haber sido cómica de no ser por la pérdida de raciones. Dado mi escaso talento para el forrajeo, esta merma en nuestros víveres nos deja en una situación menos que ideal.

Entrada 3 - Descanso en la Cueva y un Nuevo Aliado

Siguiendo la ruta marcada en el mapa, encontramos una cueva que parecía un refugio ideal para pasar la noche. Sin embargo, pronto quedó claro que la información del mapa estaba errada: la cueva mostraba señales evidentes de estar habitada. Propuse quedarnos con precaución, montando guardia y manteniendo una hoguera encendida, pero Tyvar insistió en eliminar la amenaza antes de que se convirtiera en un problema. No me opuse.

En el interior, un escorpión gigante devoraba los restos de un ciervo. El enfrentamiento fue inevitable y, aunque logramos imponernos, Tyvar salió herido. Sin su fortaleza, el resto de la expedición podría estar en peligro, así que recurrí a las energías que me han sido concedidas para estabilizarlo. Las artes sagradas son paradójicas en su doble propósito: quitar la vida y concederla. Esta vez, la segunda opción fue la más prudente.

En la mañana, al reanudar la marcha, nos encontramos con una mujer tambaleante y ebria que respondía al nombre de Reina. Según nos relató, era la capitana de un barco que perdió a manos de piratas y vagaba sin rumbo, maldiciendo su suerte. Vimos en ella una posible aliada y le propusimos un trato: si recuperábamos su barco más adelante, ella nos brindaría transporte cuando lo necesitáramos. Aceptó y regresó a Puerto Soldado, donde, dijo, volveríamos a encontrarnos.

Entrada 4 - Asalto al Campamento

Finalmente, llegamos al asentamiento de los bandidos. Advertí al grupo que no mataran a todos sin más, pues la información que podían poseer me resultaba más valiosa que su eliminación. Se planteó una incursión sigilosa: Tyvar y Blueno intentaron infiltrarse a través de un granero, pero fueron detectados y la alarma se propagó por el campamento. No tuvimos más opción que irrumpir con fuerza antes de que pudieran organizarse.

La batalla mostró el verdadero potencial de mis compañeros. Elysia desplegó unas alas celestiales y se alzó sobre el campamento, atacando a los vigías desde las alturas. Kyran, con su descomunal fuerza, creció aún más y embistió las chozas de los bandidos como si fueran meros obstáculos. Blueno demostró un conocimiento preciso de los puntos débiles de sus enemigos, golpeando con precisión letal. En cuanto a mí, medí mis fuerzas contra una hechicera entre sus filas, una mujer que habría sido un peligro en otro tiempo, pero cuyo poder no era rival para el mío. Su destino fue el mismo que el de quienes osaron enfrentarse a mí.

Con el combate concluido, tomamos prisionero al líder de los bandidos y lo interrogué personalmente. No tardó en revelarnos lo que sabían: rumores de templos antiguos, olvidados por la historia, aunque ellos mismos no se habían aventurado en ellos. Tras extraer toda la información posible, dejé su destino en manos del grupo, que se mostró más indulgente de lo que esperaba. Finalmente, redujimos el campamento a cenizas y partimos de regreso a Puerto Soldado, con la esperanza de reunir más información.

Conclusiones

No me considero un justiciero, ni un defensor del orden en estas tierras donde la civilización es solo un eco lejano. Sin embargo, no puedo negar que eliminar a esos bandidos me ha proporcionado una extraña sensación gratificante. Mis pasos me llevan cada vez más cerca de mi objetivo: descubrir los secretos enterrados en las ruinas antiguas. Puede que mi camino sea sinuoso, pero la paciencia es una de las virtudes de los celestiales, y en mis momentos de introspección, siento que mi patrón me observa.

Hoy, en uno de esos instantes de reflexión, una banda para la cabeza, con la forma de un león alado, apareció en mis manos. La visión de un sueño olvidado me golpeó con fuerza, fragmentos borrosos de algo que apenas logro recordar. ¿Es una recompensa por mis esfuerzos, o un recordatorio de que aún necesito ayuda para completar mi misión? Los designios de los celestiales son inescrutables, pero si algo tengo claro, es que mi viaje no ha hecho más que comenzar.