Detalles del relato
- Fecha de la Partida: 2025-05-11
- Aventura: 12 - Las arañas
- Autor: Broldan
- Jugadores: Broldan, Aodh, Ganjalf, Broldan, Toshi y Kyran
Tras una temporada de relativa calma, Adoh nos reunió con una idea clara: por fin acabar con esas malditas arañas que llevaban fastidiándonos desde que empezamos nuestras andanzas.
Esta vez se nos unió un nuevo “besaarboles”, como los llama Broldan—probablemente amigo de Adoh o de Ganjalf. Debe de haberse abrazado muy fuerte a algún roble mágico, porque es verde… y orco. Se llama Gorruk, y pese a su aspecto imponente, resultó ser un tipo majo.
Se notaba que habíamos ganado experiencia en organizar expediciones: todos sabíamos qué llevar, cómo prepararnos y cómo movernos en grupo. Aunque el camino fue relativamente tranquilo, Kyran pasó buena parte del viaje preguntándonos sobre aventuras pasadas. Eso sí, juro que lo pillé más de una vez contando cuántos segundos podía mantener los pectorales apretados. Extraño, pero entretenido.
En medio del camino, la niebla se volvió especialmente densa. Mientras todos subían por una ladera para tener mejor visibilidad, yo resbalé y caí sobre mi glorioso trasero, haciendo que Toshi tropezara también. Por suerte, cayó de pie.
En ese instante, un hedor pútrido me golpeó, y no era el de mi mochila de quesos: dos muertos vivientes salieron de la niebla, golpeando con fuerza. Por suerte, llevaba el escudo embrazado. Cuando me giré para devolverles el favor, uno fue desgarrado por la espalda por un oso enorme. Me pegué el susto de mi vida, pero era Gorruk transformado. Ganjalf fulminó a otro con un rayo de luz, y yo terminé con el último, al que Toshi ya le había dejado la cara como una uva pasada.
Tras el incidente, llegamos al poblado Botanki, donde estaban preparando una sopa de trufas. Como Gorruk había cazado un jabalí hacía poco, acabaron haciendo un estofado espectacular. Eso sí… sin mantequilla. Un crimen, en mi opinión, pero no quise ofender sus costumbres salvajes.
Días después, alcanzamos por fin la entrada a la cueva de las arañas. Lo primero que vimos fueron capullos de seda con restos humanos dentro. Entre ellos, hallamos un texto que hablaba de “la Devoradora”, Otra diosa oscura de la isla… debe ser amiga de la Podrida, como se llamara la siguiente? la DESGRACIADA???
En fin las arañas son seres pérfidos, expertos en envolverte, pincharte y drenarte mientras estás atrapado. Me pasé más tiempo pegado a telarañas que blandiendo mi arma. Por suerte, tanto los druidas como Kyran se defendieron bien con sus conjuros y me salvaron el pellejo en más de una ocasión.
En uno de sus arrebatos, Kyran pateó uno de los huevos de araña, provocando una explosión de líquido irritante que nos bañó enteros. Asqueroso. La gruta estaba infestada de esos malditos huevos.
Durante la exploración, Ganjalf encontró nuevas plantas que estudiar. Además nos cedió unas pociones antiveneno y tónicos que nos dieron resistencia. Fueron muy útiles. También hallamos una poción de aliento de dragón, que le dimos a Toshi por si se encontraba en un aprieto.
La cueva terminó en una sala enorme, con una caída de decenas de metros que se perdía en la oscuridad. Estaba plagada de huevos. Adoh, ni corto ni perezoso, lanzó una llamarada al techo, que impactó de lleno en la madre araña.
La Madre araña descendió con furia, seguida de varias de sus crías. Yo me lancé con todo a por ella, pero acabé atrapado en metros y metros de telaraña blanca y pegajosa. Por fortuna, los druidas invocaron llamas y luz sagrada, y Kyran nos protegía con sus canciones.
Desde lejos, Toshi se bebió la poción de aliento de dragón y lanzó una bocanada de fuego tan potente que chamuscó a varias crías y dañó a la reina.
La batalla fue caótica, intensa y pegajosa, pero al final, salimos victoriosos. En la sala encontramos una buena cantidad de oro y algunos objetos mágicos que aún estamos estudiando. Además, había otra salida que daba a un cañón entre las montañas. Vislumbramos de lejos algo de equipo de minería…
Volvimos a Puerto Soldado lo antes posible. Entre el veneno, las telarañas, el líquido irritante y los restos de insectos… necesitábamos urgentemente un baño. Qué asco.
Pero una cosa quedó clara: esas arañas no volverán a molestar a nadie más. Y yo, por fin, pude dormir sin soñar con aguijones.