Detalles del relato
- Fecha de la Partida: 2025-01-30
- Aventura: 01 - Kyran anuncia Kyran te paga
- Autor: Broldan
- Jugadores: Broldan, Cirrus, Blueno, Steffan
Nos levantamos temprano para ir a la casa de la sanación.
Para nuestra sorpresa Kyran también había enfermado y, aunque Majette aún estaba consciente, seguía teniendo mucha fiebre. Debíamos partir en busca de las bayas acuosas, las únicas capaces de sanar a la gente de Puerto Soldado.
Sin demorarnos, preparamos el viaje. El mediano dibujó un mapa un tanto chapucero, pero al final Cirrus supo interpretarlo. A ese grandullón todo le sale bien; debe ser por su actitud positiva y su arrojo natural… porque, sinceramente, rara vez parece que sepa lo que está haciendo. Yo hice las maletas, mientras que Blueno consiguió suministros extra de algún lugar que prefiero no investigar demasiado.
Sin más dilación, emprendimos el camino hacia el pozo donde, según las historias, crecían aquellas bayas medicinales. El viaje transcurrió sin demasiados contratiempos, aunque cargué tanto peso que casi me cago encima. Quizás sea momento de aceptar que ya no soy tan joven. Por suerte, Blueno se aseguró de que nuestros rastros quedaran ocultos para despistar a cualquier posible perseguidor.
En el trayecto nos topamos con una niebla antinatural que nos retrasó un poco, pero, tras descansar en un campamento de cazadores, la bruma se disipó y pudimos continuar hasta el pozo. Alrededor de este encontramos lo que parecía una familia de jabalíes. Esos bichos tienen malas pulgas… aún recuerdo cuando uno de ellos se comió a mi chihuahua, Chispas.
Cirrus, en su infinita confianza, pensó que sería buena idea acercarse a los jabalíes e intentar entablar contacto. Sin embargo, lo que para él fue una caricia, para la bestia resultó un mamporro considerable. Como era de esperarse, los jabalíes se enfurecieron y cargaron contra nosotros, hiriendo a Cirrus. Intenté frenarlos con mi pico, pero sin mucho éxito. Afortunadamente, los dos escurridizos pícaros atacaron desde las sombras de los árboles y logramos derrotarlos. Al menos ahora teníamos cena y unas buenas pieles de jabalí.
Tras el combate, investigamos el pozo. Blueno, el tiefling del grupo, se adelantó, aprovechando su visión infernal para explorar la oscuridad. Al parecer, tocó unas runas en el centro de la sala y, tras un grito, nos lanzamos todos dentro. Lo siguiente que vimos fue a Blueno lanzando un par de zarpazos con su cimitarra a una mole arremolinada de agua antes de huir como un gato travieso a mi espalda.
Un elemental de agua se alzaba ante nosotros. Saqué mi espada de luz para iluminar la cueva y combatir a la criatura. Golpeamos sin descanso, pero nuestros ataques apenas parecían hacerle daño. Entonces, Blueno lanzó un rayo de fuego que pareció afectarle en demasía. Aprovechamos ese momento de debilidad para acabar con él.
Finalmente, encontramos varias bayas acuosas, pero algo extraño sucedía. Steffan y Cirrus, con su agudo oído, escucharon aullidos espectrales provenientes de la oscuridad de la cueva. Movido por la curiosidad, me acerqué a investigar y, para mi mala suerte, dos fantasmas con cara de pocos amigos me vieron. Recordé que, para eliminarlos, debíamos destruir ciertas piedras encantadas. Corrimos Steffan y yo hasta un menhir con runas al fondo de la cueva y Steffan, tras analizarlo, descubrió que había que borrar los grabados mágicos para evitar que los espíritus reaparecieran. Mientras los rayos de fuego de Blueno y algunos mamporros que propinábamos Cerrus y yo mismo, Steffan consiguió borrar los grabados. Uno de los espectros le impacto haciéndole vomitar. Al final conseguimos reducirlos aunque acabamos exhaustos.
Entre los restos de la cueva encontramos varios objetos: una armadura de cuero tachonado, una varita de proyectiles mágicos y una poción de curación media. Con nuestra misión cumplida, emprendimos el regreso a Puerto Soldado. Gracias a las bayas acuosas, la Casa de la Sanación pudo preparar remedios y pociones, asegurando que tanto Kyran como Majette pronto recuperarían la normalidad.