Detalles del relato
- Fecha de la Partida: 2025-01-19
- Aventura: 03 - Camino a Surlt
- Autor: Elysia
- Jugadores: Elysia, Caelus, Adoh, Korik, Tyvar
Era preciso que, brindara mi luz una vez. Dos individuos, un elfo de grandes proporciones llamado Tyvar y un gnomo llamado Korik, se unieron a nosotros. Ciertamente estas dos nuevas incorporaciones aún hacían que nuestra comitiva fuera mucho más discordante para los locales. Ambas criaturas que parecían mostrar una extraña camaradería entre ellos, hacia que el elfo le llamase “ardilla” al gnomo sin entender muy bien semejante apelativo.
De cualquier modo y tras las típicas presentaciones irrelevantes que se suelen hacer al principio cuando se juntan varios aventureros que no se conocen pero que comparten un objetivo en común, nos pusimos en camino.
En este caso, había que llegar a una nueva ciudad llamada Surlt, conocida por su producto estrella que eran las plumas de grifo. Por mi parte, yo iba brindar la ayuda de Yelmalio y de paso, segar la oscuridad que envolvía a estas tierras baldías.
A un día de camino y con la única compañía de la brisa del mar a parte de la nuestra, proseguíamos por la que, antaño fue una ruta vital para el comercio entre las aldeas cercanas. Ahora, tras los continuos ataques a los comerciantes, sólo se escuchaban nuestros pasos.
En los acantilados, iluminadas por los rayos del sol se erigían tres esculturas arcaicas que miraban hacia el sur, dos de ellas apenas reconocibles tras el paso del tiempo. En una de ellas, yacía respetuosamente el símbolo de Yelmalio en una espada.
Debido a los conocimientos de la “Ardilla” y de Caelus, me hicieron ver que se trataba de un héroe de Yelmalio y la antigüedad de las mismas databan de hace cuatrocientos años. No podía ser otro más que el Zar.
—Es El Zar —dije, con una voz henchida de orgullo y reverente, mientras me acercaba a la escultura. Ante el desconocimiento que se mostraba en los rostros de mis compañeros les ilustré para que fueran conocedores de las hazañas de tan noble hombre—. Es el héroe de Yelmalio. Diestro hombre que liberó a la isla de los orcos. Casualmente yo nací cuatrocientos años después tras su paso, símbolo de que proseguiré sus pasos y volveré a liberar a las fuerzas oscuras de esta isla.
Proseguimos el camino, por sus rostros estaban consternados ante semejante historia que les había contado, tanto de mi como del Zar. Comprensible. Seguimos avanzando e hicimos noche en una cueva. Volvimos a contar brevemente nuestras historias para que, la confianza entre nosotros fortaleciera nuestros vínculos en pos de la supervivencia.
Al día siguiente, Tyvar cazó, yo encontré unas bayas comestibles durante el camino y Adoh fue marcando nuestro camino a través de un búho con el que se comunicaba.
Cuando llevábamos tres días de camino, allá a lo lejos se veía la imponente montaña de los grifos. Casi un mito viviente en esa isla. Adoh halló pisadas de un ejemplar extraño, una “aberración” la calificó él y agudizamos nuestros sentidos aun más cuando nos tuvimos que adentrar por un angosto cañón.
De camino a la ciudadela, hallamos varias piedras bloqueando de manera estratégica los caminos. Por doquier había rastros de objetos desperdigados, siendo evidente que habían sido seleccionados y arrojados, cogiéndose alguien los objetos más valiosos. También había rastros de sangre, como si hubieran arrastrado un cadáver. Por lo que nos comentó el tabernero antes de ponernos en camino, quizás se trataba del comerciante desaparecido.
No muy lejos de allí nos encontramos a los autores de semejante oscuridad. Bandidos que estaban echados en los riscos con ballestas, varios blandiendo almas contundentes y la más vil criatura, una maga que de repente se convirtieron en cuatro más.
Korik y Tyvar haciendo un salto antinatural, fueron a por los ballesteros e hicieron una torre estableciendo una estrategia de combate curiosa. Adoh, haciendo alarde de una energía radiante junto a Caelus con sus artes poco fiables, arremetieron contra los bandidos.
Tyvar lanzando hachas y Korik realizando conjuros de criomancia pusieron fin a varios individuos de discutible reputación. Yo por mi parte, sujetando mi colgante de oro de Yelmalio, les traje la protección que sólo la diosa del sol y la justicia podrían ofrecer.
Trataron de hacerme caer pero mi inquebrantable fe fue mi mejor escudo y mi maza, el castigo justo del que eran merecedores. El calor de Yelmalio ensordecía mis heridas, hasta que, la criatura alada que acompañaba a Adoh, me iluminó con una luz verduzca que hizo que mis heridas se cerraran, pudiendo ser la cobertura que necesitaban mis compañeros de camino para poner fin al resto de las fechorías.
Incluso uno de nuestros enemigos se rindió ante mí y yo, ofreciendo un alarde de misericordia creí en sus palabras de redención. Pero un detalle me hizo percatarme que no tenía nobles intenciones en realidad y mi maza segó su oscuridad para traer un poco de paz a estas buenas gentes de la isla.
De forma bastante diestra, Tyvar acabó con la maga mientras el resto de mis compañeros se batían contra las aberraciones. Unas especies de criatura con tamaño de cánidos que tenían el aspecto de chinches hediondas. Aldo se encontraba rodeado cuando Korik durmió a las criaturas. Todavía no era su hora para someterlos a un juicio.
A la vuelta y a pesar de que nuestras fuerzas se encontraban al límite, retiramos las piedras que bloqueaban el paso comercial para facilitar la labor del comercio, aunque los caminos todavía no eran seguros.
Pronto, muy pronto, mis gestas volverán a traer seguridad y paz.