Detalles del relato
- Fecha de la Partida: 2025-04-06
- Aventura: 10 - La Torre Yelmalita
- Autor: Elysia
- Jugadores: Adoh, Blueno, Elysia, Caelus, Broldan
Tomamos un atajo por el paso de las montañas para abreviar nuestro camino hacia la imponente torre de Yelmalio.
Cuando Blueno entrevió, plumas y rastros de lo que parecía el nido de un grifo. Cuando nos percatamos de su presencia, el emplumado animal ya nos había visto. Se lanzó en picado hacia nosotros y, en un batido de alas, arrastró varios metros a algunos de mis compañeros. A mí no, por supuesto, yo conseguí resistir, clavando mis pies en el suelo con la poderosa fe de Yelmalio.
Lo que decían los campesinos era cierto, era un animal imponente. Sólo con la fuerza de su pico podría abrir cráneos sin dificultad y medía varios metros de alto. Me tomó con su garra y me llevó a unos metros más allá. Notaba como la fuerza de sus uñas trataban de clavarse en mi armadura. De hecho, de no ser por esta, quizás hubiera atravesado mi piel.
Broldan y Caelus usaron sus artes para atacarle y el ave, al recibir daño me dejó caer, desprendiendo mis alas para posarme cuidadosamente entre los miembros del grupo. El ejemplar de grifo –que al parecer era más joven de lo que nosotros pensábamos inicialmente-, fue batido finalmente por Blueno. Y, al tomar sus plumas, descubrimos que estas eran mágicas.
Herida ante la embestida de ese animal, decidimos tomar un descanso en mitad del camino para reponer fuerzas.
Tras ello, en nuestro avance, vimos como la Torre de El Zar brillaba como un faro. Y es que, arriba del todo había un reloj solar dorado que refulgía desde la distancia. En dicho reloj había una frase que decía así:
Regocíjate, iluminado por Yelmalio,
pues recibirás su ayuda en momentos de necesidad.
Enorgullécete, portador del fuego purificador,
pues recibirás su ayuda cuando más lo necesites.
Varios de nuestra comitiva, fueron los que inicialmente habían descubierto la torre y, nos comunicaron la llave maestra que activaba su poder. Acercamos una llama sagrada al reloj y, en ese momento, notamos cómo nos bendecía Yelmalio. Su paz, su calidez y su poder.
Aldoh nos guio hasta el sótano de la Torre. Inmediatamente, noté algo impío y corrupto en su interior. Los augurios de mi diosa eran negativos y notaba su enfado en cada poro de mi piel. Pronto, encontramos el motivo de su disconformidad.
Avanzamos adentrándonos en la oscuridad hasta que nos topamos con un campamento minero donde dos notas nos esperaban para contar la historia de aquellos que se habían atrevido a adentrarse en aquel lugar. En las notas de los mineros hablaban de la búsqueda del tesoro prometido de El Zar que se decía que se encontraba en las entrañas de la Torre y que estaba provisto de cantidades ingentes de oro.
Bajamos, haciendo uso del montacargas. Allí, varios pebetero de fuego rosado nos esperaban tras décadas de silencio. Sin predecirlo, nos encontramos al jefe de los bandidos que dejamos marchar tras promesas de redención en nuestra última campaña. Pero ya no estaba vivo. Se trataba de un espíritu maldito. Sus ojos llenos de venganza, se dirigieron hacia nosotros y, tras atacarle con todo nuestro poder y tratar de poseerme de forma inútil, huyó hacia el plano etéreo.
Algo desconcertados por lo que acababa de suceder, seguimos avanzando hasta que hayamos un puente que se sobreponía a un acantilado que sólo albergaba oscuridad y donde parecía ser harto profundo. En su interior, parecían escucharse los sonidos metálicos de martillos golpear la roca, pero por lo que vimos hasta llegar ahí, nadie podría permanecer con vida en aquel lugar.
Al otro lado del puente vislumbramos un altar. Avanzamos con cautela hasta él y, tras reconocer sus símbolos descubrí que se trataba de un calvario hacia la Devoradora, el caos maligno que se escondía entre las profundidades. Alrededor de este, habían cuencos llenos de sangre y signos de un sacrificio. Quizás se trataba del líder de los bandidos cuyo espíritu estaba ligado en aquel lugar. Este era portador del Ojo Carmesí en su piel, un culto que parecía no perdonar los errores. No sabíamos si estos trabajaban para la Devoradora de algún modo o había sido escogido para otro fin.
Caelus se percató de que el altar estaba “ligado” y, si se nos ocurriese atacarlo, nuestra muerte sería inminente. Sólo la luz de Yelmalio, contrario a la naturaleza de la Devoradora, sería capaz de neutralizar su efecto, pero cómo traer su inmenso poder hasta aquel recóndito lugar qué sólo albergaba oscuridad. Él y yo hicimos uso de conjuro de Luz pero no fue suficiente para neutralizar la maldad que se hallaba allí. Por lo que decidimos abandonar el lugar –no el propósito de retornar-, hasta volver en otra ocasión con una solución definitiva.
Abandonamos el puente y seguimos avanzando entre las cavernas serpenteantes que nos llevaban a otra entrada desconocida. Blueno con atino, encontró y desactivó varias trampas a nuestro paso. Otra posible entrada a esas cavernas parecía encontrarse en la Gruta de las Arañas.
Allí, varios orcos habían alzado su campamento y habían llenado todo de barriles explosivos. Blueno se hizo de un ardid mágico para disfrazarse de uno de ellos e infiltrarse en aquel campamento de al menos treinta orcos.
En ese momento, atacamos por sorpresa pero entre ellos se encontraba un poderoso hechicero que nos lanzó una bola de fuego que nos dejó muy malheridos. Con el fulgor de la batalla, arremetimos con todo lo que teníamos y varios de esos orcos fueron lanzados a los agujeros que rodeaban las cavernas. El combate era muy difícil, ya que, una sola chispa hubiera detonado los barriles de pólvora que tenían los orcos en las esquinas ocultas de aquel lugar para abrir más agujeros en la roca.
Les dimos el fin que se merecían pero, con la desazón en mi corazón, tuvimos que volver a la civilización. Habíamos encontrado a unos enemigos formidables en aquel lugar pero yo no iba a parar hasta devolver la divinidad a la Torre de El Zar. Pronto sus sótanos volverían a encontrar el antiguo esplendor de su fundación.