Detalles del relato
- Fecha de la Partida: 2025-10-12
- Aventura: 26 - Festival de Fuerte Brillante
- Autor: Broldan
- Jugadores: Broldan, Kyran, Ganjalf, Caelus, Elysia
Y por fin llegó el gran día del Festival de Fuerte Brillante.
Después de tanto esfuerzo, por fin íbamos a celebrar una gran fiesta para unir a las naciones de la isla de los Grifos y abrir la puerta a buenos negocios. ¡Por una vez, parecía que todo iba a salir sin mamporros! (Aunque eso siempre me deja con una punzadita de decepción).
Habíamos mandado una invitación al representante de Ockless, con una petición muy clara: “Nada de esclavos, ¿eh?”
Pero, claro, el tipo apareció con unas caravanas enormes y dos ogros. Y no sé si soy desconfiado por naturaleza o por experiencia, pero me olía a caballo de Troya con orcos dentro. Estuve todo el día vigilándolos de reojo, por si acaso alguno se levantaba sospechosamente del suelo con un hacha en la mano.
Mientras tanto, Zarpitas, decidió jugar con un turista despistado y lo asustó de muerte. Yo me reí, pero luego tuve que ir a disculparme, porque no quería que los invitados se marcharan antes de probar las patatas rellenas.
Kyran y yo montamos la gran carpa del festival, porque Golda, la tabernera, estaba agotada “NO ME HE SENTADO EN TODO EL DIA” no paraba de repetir. Entre los dos levantamos las lonas, los barriles, las mesas y los bancos. A mí no me pesa trabajar si luego hay comida de por medio.
Las hermanas de Nidik estaban enfadadas entre sí —ya ni recuerdo por qué—, pero Kyran, con esa lengua de bardo y ese corsé que podría erectar hasta a un dragón, las convenció para participar en el torneo de pulsos.
Yo, por supuesto, me apunté también.
Y, por supuesto… perdí en la primera ronda contra un ogro.
No debí haberme inflado de patatas rellenas justo antes de competir, pero es que estaban tan ricas…
Las hermanas llegaron a la final, y Starnia, la mayor, se llevó el trofeo. Parece que esto rebajó la tensión entre ellas… (creo)
Durante el festival, entre hidromiel y música, se habló de muchas cosas.
De los Slarges, esos hombres lagarto de las zonas desérticas, que están empezando a dar problemas.
También de que Flor Oscura, una dríade corrupta está extendiendo su maldición, volviendo los árboles peligrosos y las flores venenosas en los bosques de la isla.
Otros contaban las embestidas de los muertos vivientes en el templo de Kaldaris. El nigromante que los dirige parece no tener fin. Por suerte, la diosa Kaldaris —aunque sea la señora de la muerte— cuida de los que buscan el descanso eterno.
Hubo también charlas sobre una cosa que llaman la Trama de los Succionadores, algo de un culto a una tal Embaucadora. No me enteré muy bien de qué iba, porque justo me estaba echando una siesta digestiva. Ya sabéis, después de tres empanadas y medio Barril de cerveza, el cuerpo lo pide.
El tal Sargon del Tiempo de Lhankor Mhy vino a negociar algo también. Pero yo andaba un poco paranoico, pensando que alguien podría estar liándola en el festival, así que me pasé parte del día patrullando con la guardia.
Para mi desgracia, no hubo mamporros. Ni uno solo. Una pena.
En otra conversación oí hablar de un poblado votanki maldito, congelado en el tiempo desde la era del Zar, bajo la influencia de un ser maligno llamado Nébula. Dicen que el lugar rebosa maldad y que estaría bien “desmaldadizarlo” .
Me pareció un buen sitio para repartir justicia… y algo de leña, llegado el caso.
Ya al caer la noche, apareció un titiritero.
De esos que hacen funciones premonitorias, ya sabes, teatro raro pero con sustancia.
En su obra, unos barcos de velas negras llegaban desde Ocless para atacar nuestras costas al amanecer. Luego, el mar se alzaba y emergía de las profundidades un ser pulpoide gigante. Muy artístico todo, pero a mí me dejó con el estómago revuelto.
Por si fuera poco, Ganjalf nos dijo que mientras interceptaba mensajes mentales (no se como si es muy bajito) había descubierto que una criatura pulpoide —posiblemente la misma del titiritero— estaba hablando con los orcos.
También se mencionó a Marusa, una mujer de Ockless que rapta gente para esclavizarlos. Vamos, que la cosa olía a tormenta.
Así que, viendo el panorama, alce la voz le hablé a todos los que habían llegado en barco:
Les dije que, ya que no parecía que fuera a haber mamporros por ahora, mejor que zarparan cuanto antes, antes de que las profecías se cumplieran y acabaran capturados o algo peor.
Y, como el día había sido largo y la paz reinaba (una paz algo sospechosa), me senté a disfrutar de una patata rellena del tamaño de la cabeza de un bebé.
La devoré con gusto y, con el estómago lleno, me fui a dormir pensando que, si los augurios eran ciertos… mañana sí habría mamporros.