Detalles del relato

Últimamente Fuerte Brillante parece más una empresa que una fortaleza.   Nos gastamos una barbaridad de oro en construir un muelle nuevo, con la idea de atraer comercio y aliados… pero lo único que hemos atraído son facturas.   Entre los pagos, los obreros y las reparaciones, el muelle se está convirtiendo en un pozo sin fondo de dinero.   Y, para colmo, los de Puerto Soldado ya nos miran con mala cara, como si les hubiéramos robado la clientela.   Espero de verdad encontrar más tesoros pronto, o tendré que empezar a cobrar entrada por verme repartir mamporros.

Con el dinero volando y el ánimo flojo, partimos hacia la Biblioteca de Lhankor Mhy.   El señor Sargon, todo correcto y con su nariz metida en los libros, estaba preparando unos tomos especiales para Elysia.   Yo… bueno, yo hice lo que pude para mantenerme despierto.   La historia iba de un tal Tristian, que había encerrado o bloqueado a Nébula, pero nadie sabía muy bien si Nébula era una persona o una criatura.   Los textos se contradecían entre sí, y a mí me sonaban a cuento viejo.   En serio, si hubiera sabido que íbamos a pasar el día leyendo, me habría traído un bocadillo y una almohada.

Mientras tanto, Caelus se metía en secciones prohibidas de la biblioteca (porque claro, si pone “no tocar”, él va y toca), y Kyran se dedicaba a investigar algo sobre la secta de los Aprendices de los Dioses.   El bardo descubrió que la gran estatua en las tierras salvajes podía esconder una catedral enterrada, y que los teleportadores antiguos funcionaban con cosas tan raras como ámbar y raíces.   Yo no sé cómo se acuerdan de tanto detalle. A mí me basta con saber qué lado de la espada corta. En serio… tengo que empezar a leer mejor las aventuras antes de apuntarme, porque menudo tostón la biblioteca.

Por suerte, la calma no duró. Continuamos el viaje hasta que señales funestas nos auguraban funestas consecuencias, desoímos las palabras y continuamos hasta un desfiladero estrecho, y de repente ¡un volcán explotó!   Kyran, en un acto muy heroico genero media esfera que nos cubrió a todos, cayeron cascotes sobre la cúpula mágica, pero los rechazo todos completamente. Salimos ilesos y continuamos nuestro viaje. En la lejanía, unas criaturas demoníacas con cabeza de cabra nos observaban desde las rocas.   No atacaron, así que seguimos nuestro camino hasta llegar al poblado votanki, aquel del que hablaban las leyendas… un lugar maldito, congelado en el tiempo.

Llegamos al anochecer, y Caelus perdió los nervios.   Al ver a las criaturas cabrunas, se desquició y les lanzó un ataque de luz divina. Eso, por supuesto, despertó a todo lo que dormía en las sombras del pueblo.   Unas sombras oscuras salieron de las casas como humo con dientes.

Yo, viendo el percal, encendí mi esfera brillante y avisé a mis compañeros de que no eran vulnerables a los encantamientos.   Las sombras, furiosas, me la arrebataron de un golpe y la lanzaron lejos, apagando nuestra única luz.   Caelus, al ver eso, invocó el poder de su patrón celestial, y una luz cegadora llenó el campo de batalla.   Parecía que el mismísimo sol había bajado a darnos una mano.

Kyran, viendo que sus conjuros no servían, rasgó su laúd y desató explosiones sónicas que retumbaron en las montañas.   El pequeño Steffan se escabullía entre nosotros, apuñalando a las cabras con esa cara inexpresiva que da más miedo que ternura.   Y Elysia, bendita sea, invocó a los espíritus de Yelmalio, cuyos golpes de luz destrozaban las sombras como si fueran humo ante una hoguera. Al final, tras una batalla de luz, ruido y mamporros, las sombras se disolvieron.

En el centro del poblado encontramos una enorme esfera de oscuridad, flotando sobre la plaza.   Estaba contenida por un campo mágico, que, al estudiarlo, vimos que provenía de un ser celestial situado en un risco cercano.   Subimos hasta él, y el ser nos explicó que había sido invocado por Tristian, aquel héroe de las historias antiguas, para contener la oscuridad de Nébula.   Pero su poder se estaba agotando, y no podría mantener el sello por mucho más tiempo.   Nos dijo también que Cara Azul lo estaba ayudando… aunque no entendí del todo cómo. Lamentablemente, no podíamos ayudarle en ese momento.   Le prometimos volver, y descender hasta las profundidades cuando estuviéramos preparados.

Regresamos a Fuerte Brillante cansados y algo tristes.   El cielo tenía ese tono violeta que anuncia tormenta, y por un momento pensé en todo el oro que nos estaba costando mantener el fuerte, el muelle, las defensas, los festivales… Suspiré, me serví un plato de guiso y pensé sobre que podría hacer yo para enriquecer el fuerte, siempre se me ha dado bien la agricultura, o puedo dar clases a jovenes sobre como repartir mamporros…no sé algo se me ocurrirá.